Érase una vez, en el pacífico cuarto coloreado de un profundo azul de un niño, acomodado en un rincón oscuro y húmedo, un viejo y polvoriento oso de felpa, adornado con un llamativo listón rojo carmesí; hacía algún tiempo que el niño lo había perdido, y el pobre oso se sentía cada día más triste y solitario.
Pasó algún tiempo, y un día se acercó rodando graciosamente un pequeño trompo de vivos colores, el niño lo había lanzado tan fuerte que llegó a dar hasta donde estaba el oso, pero el niño ya se había ido, y no se había molestado en ir a buscar el trompo. El trompo, aún dando ligeras vueltas se acercó al oso, sorprendiéndose al verlo ahí, el oso también lo observó sorprendido, desde sus grandes ojos negros de botón.
— ¿Qué haces aquí, escondido? — preguntó curioso el trompo.
El oso dudó un momento antes de responderle.
— Te equivocas — le dijo amablemente — No me estoy escondiendo, hace
algún tiempo que me perdieron, me he quedado aquí, desde entonces.
El trompo escuchó atentamente mientras el viejo oso marrón le contaba todas sus aventuras, empezando desde que quedó ahí, que resultó ser porque el niño había estado jugando despistadamente con el oso, y cuando tuvo que ir a dormir, lo dejó tirado, a partir de ahí no recordó dónde estaba.
El trompo le propuso un plan, para sacarlos de ahí tanto a él como al oso, que consistía sencillamente en que el oso le ayudase a atarse la desgastada cuerda alrededor de sí y soltarla, haciéndolo girar hasta llegar lejos del lugar y, en cuanto el niño lo viese, volvería a girar hasta dar con el oso, a éste le pareció una buena idea.
Al día siguiente, entrando la tarde, decidieron llevar a cabo el plan, sabían que el niño estaría jugando muy cerca, como todos los días.
Tanto en oso como el trompo empezaron con lo dicho, todo marchaba perfectamente, hasta que el trompo, girando y girando, cambió de dirección y fue a dar a otro extremo del cuarto, el niño lo vio y rápidamente fue a cogerlo, el trompo no pudo seguir girando para indicarle el lugar donde reposaba el oso.
El oso, sintiéndose traicionado y triste, creyó que el trompo sólo lo había utilizado para escapar el, dejándolo a su suerte.
Pasó algún tiempo desde ese suceso, el oso se deprimió considerablemente, aunque, pese a todo, seguía esperando que el trompo regresase en algún momento.
Varios días después, en pleno invierno, mientras afuera nevaba y los árboles perdían su abrigo por el helado viento, dentro de la casa el niño jugaba alegremente con el trompo.
En un descuido el trompo se soltó de sus manos y siguió girando, con el niño tras de sí, hasta dar con el lugar exacto donde estaba el viejo oso marrón. El niño soltó lágrimas de gozo al saber que había vuelto a encontrar a aquel hermoso oso que había perdido mucho tiempo atrás, con una mano tomó al oso, y con la otra al pequeño y colorido trompo, llevándolos a ambos a una pequeña repisa grisácea en la pared.
FIN
Bueno, este blog está destinado a albergar mis pseudo escritos, y he aquí el primer publicado, es un cuento, como podrán ver, es de mis primeros cuentos.
Atte.
Greems.
